El boxeo argentino no atraviesa sus mejores años, muy lejos quedó la época en la que todos los meses había un representante en los cuadriláteros más importantes del mundo, dejando la bandera albiceleste en lo más alto. Una de las pocas apariciones nacionales que lograron asentarse en los primeros planos en este último tiempo fue la de Brian Castaño, un diamante que desde pequeño fue pulido por su padre, quien buscó que su hijo pueda cumplir los sueños que él no logró. Para eso, antes de enseñarle a “El Boxi” a lanzar golpes, Carlos Castaño debió afrontar la dura misión de que no se acerque al rival que 30 años atrás lo derrotó en su etapa como boxeador: las drogas.
La vida de “Charly”, tal y como lo llaman en el mundo del boxeo, es una historia que vale la pena conocer. Desde su afán por acompañar a sus hijos y alejarlos de las malas compañías, se formó para ser entrenador, mientras ellos hacían lo propio para convertirse en boxeadores. Tomás Aguirre, periodista de Boxeo de Primera, compartió una charla con Carlos Castaño, quien abrió su corazón y contó cada uno de los pasos que dio para llegar a tener su propio gimnasio, en donde forma futuros campeones del mundo, tanto arriba como abajo del cuadrilátero.UN ENTRENADOR DENTRO Y FUERA DEL GIMNASIO
¿Qué lo hace diferente? Carlos Castaño no le esquiva a su pasado, el mismo que no le permitió brillar en los cuadriláteros, pese a su talento y guapeza. Probablemente con otra disciplina estaríamos hablando de un excampeón argentino o, por qué no, mundial. Es por eso que entiende y tiene claro que su rol no puede limitarse únicamente a lo que ocurre dentro de las paredes del gimnasio: “Para el entrenador es fundamental no solo hablar del boxeo, sino también de la vida. Este deporte es uno individual que te demanda estar diez puntos y si te mandas una cagada el cuerpo lo siente”.
“Soy una persona que se aferra mucho a Dios. Yo sé que no estoy curado, por eso siempre pido seguir como estoy, porque tengo muchas cosas por disfrutar y seguir transmitiendo a la gente que hace boxeo recreativo para que salgan adelante. Siempre remarco el tema de la droga con mis alumnos, no hay mensaje que me llenen más de amor que el de madres que me agradecen porque que saqué a sus hijos de la calle o mismo de personas grandes que se retiraron de las drogas por palabras mías”.

TODA HISTORIA TIENE UN COMIENZO... ¿CÓMO LLEGÓ CARLOS CASTAÑO AL BOXEO?
"De chico peleaba mucho en el barrio, porque en las esquinas siempre había una raqueta, una pelota y un par de guantes, así que de muy chiquito me hacía el boxeador. Incluso recuerdo con doce años usar la cáscara de la naranja como protector bucal y pelear con mi hermano", recuerda automáticamente al ser consultado sobre sus primeros recuerdos del boxeo. Aun así, el gran acercamiento lo tuvo a los 14 años, cuando se encontraba en Santiago del Estero, en donde vivió durante unos años.Pese a que solo se trató de unos halagos de un entrenador que lo vio moverse, aquella estadía en la provincia norteña encendió una luz que se mantuvo en su regreso a Buenos Aires. Con 15 años, recorrió todos los gimnasios cercanos, consultando si había entrenamientos de boxeo, finalizando su recorrido en el Club 20 de Junio, en donde lo recibió el entrenador Mario González, quien al poco tiempo se transformó en una imagen paterna para Castaño, quien hasta el día de hoy lo recuerda con una sonrisa. Como primera medida aceptó dejar el cigarrillo y cortarse el pelo, dando inicio a una carrera amateur de alrededor de 100 peleas, en donde siempre se mostró con un enorme potencial.
Su debut como profesional se dio en 1991, logrando una victoria en las tarjetas ante el también debutante Jorge Alvarado. Luego de otro triunfo, esta vez antes del límite, fue Walter Daneff, padre de los actuales boxeadores Claudio y Jesús, quien le propinó su primera derrota, en su tercera contienda en el campo rentado. Aquel duelo dejó en evidencia todos los problemas que tenía Carlos fuera del gimnasio. Sus adicciones, que comenzaron en 1989, mismo año en el que nació Brian, cada vez se apoderaban más de él, alejándolo de la versión boxística que había cautivado a los reconocidos periodistas Osvaldo Principi y Julio Ernesto Vila. Luego de aquella derrota no volvió a combatir con licencia FAB hasta el 2002, en donde tuvo su despedida como boxeador tras caer antes del límite frente al experimentado Silvio “El Mono” Rojas. En los ocho años que pasaron entre una pelea y otra, Carlos realizó algunos duelos de los denominados “truchos”, pero ya desde lo físico se encontraba muy lejos de su ideal. Dicen que tras el retiro llega uno de los peores momentos del deportista, aunque para “Charly” la realidad era muy distinta, ya que se encontraba dando los primeros pasos como entrenador de su hijo Brian y comenzaba su lucha definitiva por dejar las drogas. Una nueva vida comenzaba.UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD EN EL BOXEO: PULIR A UN DIAMANTE, FORMAR A BRIAN CASTAÑO
Durante el 2001, Brian tomó la decisión de dejar de lado el fútbol (era jugador de las inferiores de Almirante Brown) para dedicarse al boxeo. Si bien la influencia de su padre existió, nunca lo obligó a calzarse los guantes: “Brian de chico era muy hiperactivo, cuando yo iba a entrenar a veces me acompañaba y le pegaba un poco a la bolsa. Nunca lo obligue, siempre estuve dispuesto a acompañarlo en lo que sea. Fue realmente de a poquito, hasta que a los 11 años empezó a pelear y no terminó más”.
Ya con la cabeza enfocada de lleno en su nueva faceta, fue cuestión de pocos años para que el talento de Brian lo obligue a crecer como entrenador si el deseo era llegar lejos. La ecuación era fácil: en sus manos había un diamante, solo faltaba pulirlo.

DE AYUDAR A SU ENTRENADOR, A BRILLAR EN LOS ESTADOS UNIDOS
“En lo personal comencé dando clases en el Club 20 de junio, pero llegó un momento que Mario González me impulsó a tener un gimnasio propio, ya que notaba que quería formar boxeadores. Yo en un principio solo quería darle una mano y enseñar lo que él me enseñó, no estaba en mi cabeza todo lo que pasó, pero poco a poco me fui perfeccionando”, señala "Charly" al recordar sus primeros pasos como entrenador. Brian llegó a los 16 años a la Selección Argentina, en donde fue entrenado por uno de los grandes maestros que tuvo el noble arte vernáculo en toda su historia, el cubano Sarbelio Fuentes. El centroamericano se transformó en una persona de confianza para Carlos, quien siempre estuvo dispuesto a aprender de sus colegas y perfeccionarse día a día: “Con Sarbelio Fuentes trabajé mucho, hicimos cursos de nivel olímpico. Siempre destacó mi trabajo, pese a que estaba en lugares con recursos muy pobres”.
LA SEGUNDA OPORTUNIDAD VINO CON EL ÉXITO
Son muchas las promesas que quedan en el camino, Brian y Carlos lograron cumplir y superar las expectativas depositadas en esta dupla. No solo alcanzaron el título del mundo superwelter AMB en el 2016, sino que protagonizaron grandes eventos en los Estados Unidos. Luego de dos duras defensas del cetro en Francia, ante Michel Soro y Cedric Vitu, llegó la unificación con el supercampeón AMB, Erislandy Lara, que finalizó en empate. Aquella noche el mundo comenzó a seguir de cerca los pasos del campeón.
